meditaciones beckettianas, Poesía

Das ding

perdimos, a la orilla de la sombra, el tiempo de las cosas, su futilidad, el sensible objeto de su compañía,                   y cada mes parecía el mismo,                        excepto por las palabras… las promesas de anhelarlo y, por fin, salvarlo todo,            de la luz, del olvido, de la necedad de querer comprenderlo apenas. 

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