obra, Poesía

Li Po

Recordé morir

-le dije borracho a la gibosa luna.

Torció la boca.

¡Recordé morir!

-Insistí, ebrio e iracundo.

Y la luna se echó a llorar en aquel lago donde la tragedia se habría de repetir.

 

 

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meditaciones beckettianas, obra, Poesía

Eso a lo que le llamas vida

Hay lluvia en la tarde que recuerdas

porque nunca te quisiste ir,

corrían las nubes de campo en campo

y pensabas no dormir en la sombra

ligera de nuestros días de café.

 

Estabas ausente a tu manera:

Descifrando el pulso de tu cuerpo

en el agua -todo un cielo sumergido-

te decías, con la asesina distancia

de una estrella a otra.

 

…Y una raíz quebraba la oscuridad

y liberó un poco, y casi nada,

una bomba, un parto, un recién nacido

que sólo te atrevías a mirar desde el espejo.

 

No hay ruido que no conozcas,

no hay ruido que no,

no hay ruido que,

no hay ruido,

no hay,

no.

 

Sólo un pellejo, eso a lo que le llamas vida.

 

 

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Poesía

De viaje

 

Hay una hora que hace del polvo tu escolta,
de tu casa en Paris, lugar de sacrificio de tus manos,
de tu ojo negro, el más negro ojo.

Hay una estancia donde un tiro de caballos se detiene para tu corazóm.
Tu cabello quisiera ondear en el viento cuando te vas – eso le está prohibido.
Los que se quedan y hacen signos de adiós no lo saben

Paul Celan

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obra, Poesía

Epifanía del pez

En la penumbra del agua comienza todo de nuevo, y nada de lo que hemos visto permanece en la luz que los pájaros cortan, ni en la mirada perdida  de quienes olvidamos, con el vuelo, la transparencia de aquellos sueños -tan sublimes como vertiginosos – pues bebemos sin iluminarnos y sin la embriaguez necesaria para seguir respirando:

¡Sumergidos, entonces, nos encontramos!

jardindelicias1

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citas, Poesía, Yves Bonnefoy

El ruido de las voces

 

El ruido de las voces eres tú, a quien designan.
Estas solo en el encierro de los barcos oscuros.
Caminas sobre este suelo que se mueve, pero tienes
Un otro canto además de esta agua gris en tu corazón.

Otra esperanza además de este partir que te conceden.
No es sombrío, este fuego que se tambalea enfrente.
No te gusta el flujo de las simples y terrestres aguas
Y su ruta de luna donde se calma el viento.

Más bien, dices, más bien sobre las costas más muertas.
Palacios en donde estuve hasta el derrumbe,
Tu no amas salvo a la noche en tanto noche, pues carga
Con la antorcha, tu destino, de total renuncia.

Yves Bonnefoy

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