meditaciones beckettianas, obra

Nowhere

Es verdad que la carne duele. Uno envejece rápido y de repente muere.  Pregúntenle al señor caracol que ayer por la noche pisé sin querer. Su caparazón tronó y mi alma se hizo añicos. La triste babosa quedó embarrada en el escalón.

Schubert suena en la radio. El volumen está tan alto que mi cuarto empieza a despedazarse mientras el cielo cae como el mar que no tenemos. Un rayo atraviesa la ciudad y el silencio recoge las miradas hasta ahora absortas en la nada. Es tan hermoso escuchar a Schubert en el fin del mundo.

Pienso esto como buscando la utopía en lo que escribo. Cosas que nunca han tenido lugar ni tiempo.

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obra

Máquina Revolucionaria

persistencia

Hace más dos horas, aproximadamente, que son las 5:00 pm. En ese lapso fui al baño, leí una revista deportiva que presentaba un artículo especial sobre el box en Tijuana y los nuevos talentos del ring fronterizo. Busqué en Grooveshark a los Silver Apples, los escuché durante más de media hora pero, a no ser de que mi sentido interno del tiempo esté fallando, ese reloj de la pared no marca otra hora más que las 5:00 pm. Nada extraño, dirán algunos, asumiendo con cierto prejuicio que la explicación más obvia es que ese reloj se detuvo por completo hace … hace tiempo. Sin embargo, basta notar que las manecillas siguen girando indiscriminadamente sobre la caratula del reloj, y que la única que sigue en su lugar es la aguja horaria, como si le importara un comino que la minutera y la segundera se hayan echado a correr sin ella.

Se trata de un reloj mecánico que heredé cuando falleció, en paz descanse, mi tío abuelo. Funciona a base de un muelle motor, así que lo revisé por dentro para ver si podía echar mano de mis escasos conocimientos sobre la anatomía de una antigüedad como esa. Ubiqué rapidamente la rueda central, la rueda de escape, la tercera y la cuarta rueda, la rueda del trinquete, los piñones correspondientes a cada rueda, los dos muelles espirales que están a cada lado de la rueda central, el eje, el pivote regulador, y otras piezas más pequeñas que no sé como se llaman.

No encontré nada extraño, no parecía haber mayor problema; de hecho quiero confesar que me vi tentado entonces a mover la manecilla horaria y hacerla recuperar el tiempo perdido, pero una imagen, una especie de déjà vu, o paramnesia reduplicativa -como se diagnostíca en la clínica- me adviritió que la angustia experimentada hasta el momento podría alcanzar proporciones apocalípticas si me atrevía a recorrer un mínimo aquella manecilla. Así que puse el reloj, otra vez, en el muro donde estaba, lo dejé con cuidado, e inmediato  me sentí obligado a honrarlo, a mirarlo, quizá por toda la eternidad, con ojos suplicantes.

Afortunadamente alguien llamó al celular en ese instante y un gran alivio me sobrevino, equivalente a una buena y refrescante bocanada de aire luego de estar sumergido en la completa confusión; tal efecto tuvo en mí esa válvula de escape que preferí ignorar la llamada. Después de cerrar y abrir los ojos repetidas veces, bostezar un poco y comerme una manzana, fuí por mi teléfono a verificar la hora de la llamada. La llamada fue hecha a las 5:00 pm, pero el reloj del celular marcaba las 7:30 pm. Por supuesto que lo que me parecía raro era la hora de la llamada, no que el reloj del celular haya marcado las 7:30. ¿Qué estaba haciendo entonces yo a las 5:00 pm? Me refiero a la primera vez que ese reloj de la pared marcó de verdad las 5:00 pm. … y si la llamada fue en esa primera vez ¿por qué no contesté?

No era que yo me sintiera atrapado en el tiempo, sentía, más bien, que el tiempo estaba atrapado en sí mismo, y que era necesaria alguna medida radical para terminar con el problema -¿realmente es un problema?- de ese reloj. Todos los demás relojes de la casa, incluido el reloj del micro-ondas, daban en ese preciso momento, las 7:35 pm. Y fue en ese momento que me pasó por la cabeza, como un cometa esperado desde las profundidades de la Edad Media, la loca idea de destruir aquel reloj, pero la misma imagen de antes, ahora con un subtexto que abogaba por su buen funcionamiento, hizo que controlara mis impulsos. Así es señoras y señores, ese reloj funciona, y muy bien, por eso lo más razonable es dejarlo ileso, dejar que solito recupere la cordura, a pesar de las infinitas revoluciones del minutero y del segundero.

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obra

[dado un acento, defina la propiedad virtual de este espacio topologico]

Solaris

Es verdad, no es posible tener todos los acentos que uno desea en las palabras que solo nos convienen a nosotros. Nos gustaria leer frases cortas y legibles, tener relaciones sencillas, pero eso tampoco es posible de este lado, en la dimension paralela [la que tiene aspiraciones de cuasi-toroidal]. De este lado, Mexico gano el mundial, el petroleo nunca se privatizo, EPN nunca gano, Jesucristo jamas resucito al tercer dia, porque no murio. Nunca hubo un pecado original. La tecnologia que nosotros desarrollamos no se basa en algoritmos ni en logaritmos, y mucho menos deriva de la informacion cuantica, sino en ciertos procesos a un nivel macro/cosmico que  vale poco la pena matematizar; no obstante, los esfuerzos del equipo sovietico que trabajaba en el proyecto de  la camara toroidal con bobinas magneticas [тороидальная камера с магнитными катушками] trajo consigo las consecuencias desastrozas que ya conocemos. En otros aspectos, gracias al plasma [que es un estado de agregacion de la materia, y el mas abundante en la naturaleza segun el ranking de la revista Phyisics and Metaphysics 4.33], es altamente probable estar en todos lados al mismo tiempo, y no ser nadie a la vez. Nuestra tecnologia es intuitiva, es un organo preciso pero incapaz de representarse cualquier cosa, y aun asi, encontrar la salida, justo como el conestruz cuando huye del zorrodrilo…  Y solo tal vez por eso nos falten los acentos.

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