meditaciones beckettianas, obra

Ya ahí.

En la escritura se encarna el olvido.

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Meditaciones beckettianas I: el olvido

Desconfiar del pensamiento, pero sin segundas intenciones, y encarnar con inocencia la fugacidad del vacío, eterno límite móvil de la naturaleza muerta y su posibilidad. Y ahí, en el desborde – soñadores insomnes- perseguir el recuerdo, sólo el más importante, el mínimo para seguir deseando. ¿Acaso no es este el sentido de la expresión vivir en el pasado? Sólo si me acuerdo existo, pues también de la mala memoria puede surgir la esperanza.

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Secreciones

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Secreciones, dijo Beckett.

Materia y memoria perdida.

Aquí no cabe Heidegger.

Las palabras se juntan a las palabras, hasta formar un montoncito, el imposible montón; una tras otra rasgando la garganta, de donde nace un ruidito de lo más gutural. Las palabras, cuando nada dicen, se aglutinan, como en el alemán, hasta hacernos vomitar. No importa el idioma, el lenguaje siempre nos hará vomitar: el lenguaje, el vino y el mar. No hay nada más excesivo en este mundo. J’ai dit la vérité.

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Paradoxa de los cuerpos y su expresión

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Tener un cuerpo. No, no tenerlo. Mejor someterse a un cuerpo: al propio cuerpo, al peso de la memoria que circula en la sangre y al vértigo del olvido que delata la mirada. Ver todas las cosas y olvidarlas y pensar, sin embargo, que existen todavía estas cosas en algún lugar donde ya no son cosas, sino recuerdos, cuando la verdad es que los cuerpos están hechos para olvidar, y ser olvidados.

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