meditaciones beckettianas, obra

Nowhere

Es verdad que la carne duele. Uno envejece rápido y de repente muere.  Pregúntenle al señor caracol que ayer por la noche pisé sin querer. Su caparazón tronó y mi alma se hizo añicos. La triste babosa quedó embarrada en el escalón.

Schubert suena en la radio. El volumen está tan alto que mi cuarto empieza a despedazarse mientras el cielo cae como el mar que no tenemos. Un rayo atraviesa la ciudad y el silencio recoge las miradas hasta ahora absortas en la nada. Es tan hermoso escuchar a Schubert en el fin del mundo.

Pienso esto como buscando la utopía en lo que escribo. Cosas que nunca han tenido lugar ni tiempo.

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citas, Pascal Quignard, Publicaciones

Pequeños Tratados

Suponiendo que nos pudiera la esperanza de compensar la poca necesidad que le encontramos a las cosas del mundo y al orden  desordenado de la naturaleza escribiendo libros, el orden que imponemos a lo que escribimos jamás alcanza a elevar el libro al nivel de lo real, al estatuto de una región en la que el fantasma, el símbolo, el sentido sean firmemente extirpados. Al contrario. Todo artificio que introducimos con este fin se acrecienta a medida que leemos, como un hiperbólico efecto de retorno, y la existencia de un libro se nos parece cada vez más particular, desproporcionada, endeble, risible, infinitamente conmovedora. Todo el orden y la intención y la maestría y la belleza se desmoronan infinitamente en todo momento ante la ausencia de necesidad de todo libro. Nunca nadie está obligado a hacer un libro. Ni si quiera los dioses de las religiones reveladas. Y nos parecen infinitamente vanos.

Pascal Quignard

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