obra

Garabatos

Debí haberte abandonado, pequeño pedazo de papel, debí haberte dejado donde te encontré, con los garabatos de no sé qué historia sin sentido, que ahora me veo obligado a transcribir a media noche, mientras llueve, con este frío raro de verano. Y sin embargo, no lo hice. Decidí guardar el recuerdo de tus pliegues, la textura arrugada y la tinta derramada. Me duele el cuello, mis ojos están tan rojos como Marte pasando por Júpiter. Seguro es una señal de guerra. Este mensaje, que llegó a mí, no sé a quién dárselo. Es una carta de amor, puede usted confirmarlo. Es la buena nueva, pero nadie la quiere. ¿Es usted digno de estas palabras? No, no lo soy. ¿Qué verdad encierra su escepticismo? Ninguna. Pero pudo haber escrito algo más, aun hay más, sin duda… todo el subtexto, todo el silencio, los margenes en blanco y una lágrima impresa bajo la firma.

Recorrí, con la mirada sesgada por la luz de un anuncio de ropa interior para damas, las calles que fueron testigos de estos pensamientos tan ociosos como peregrinos. Pude darme cuenta de que aquel papel no tenía ninguna instrucción para mí.

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