obra

Disjecta membra II

CRI_71523

Paredes, o mejor muros, sí, muros cuya fina película de silencio exuda, aunque usted no lo crea, más silencio; un muro sobre otro, deslizándose en el espacio, pero inmóvil – el espacio- con sus superficies y gotas. Silencio, gotas. Silencio, gotas. Silencio, got… gotas. Silenciosas gotas, terminé por pensar. Es otoño aquí en la cárcel, pero parece invierno. Todo está demasiado oscuro, pero tampoco tanto, si no sería invierno. Sin embargo es otoño y está oscuro, eso es lo raro. ¿Habrán modificado el calendario? ¿Habrán recorrido las estaciones del año? (esto debe ser leído con escepticismo, lo mismo que con incertidumbre) ¿O…  o el planeta habrá desplazado su eje hacia un ángulo prohibido?  Como el Oriente visto por la mañana en Occidente, así se siente. Entonces miramos el otro muro, el que evita que el cielo se nos caiga encima como una capa de animales acuáticos, que seguro Julio Verne pudo nombrar con algún nombre fantástico. Lo llamamos techo, por alguna extraña convención. Y a través de las ventanas -que no son propiamente ventanas, más bien una ridícula imitación de lo que en otra época podríamos haber llamado, sin duda, ventanas… ¡ Y qué ventanas las de ese tiempo ! Uno se podía enamorar de aquellos ventanales por lo que nos dejaban ver- las ventanas, que son más bien grietas por donde apenas pasa la voz, me digo esto. Por eso no me escucho bien. No sé si lo que digo está bien. ¿Cómo saberlo? Con estas “ventanas”, me digo, es imposible saberlo… no pasa bien el aire. Menos mal que ahora sólo tengo un pulmón. Menos mal.

Advertisements
Standard

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s