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Esquirlas cómicas de la literatura alemana

judensau

Desde finales de los 90´s la Av. Díaz Ordaz goza de vida comercial debido a sus universidades, semáforos en buen funcionamiento, centros botaneros, tiendas de autoservicio, y otros restaurantes de prestigio como La Cabaña del Río Viejo. Pero el acento se debería poner en la cocina de carnitas “El Güero”, que tiene abierto desde 1972, y digo que debería ponerse atención en esta casa con tradición, pues ahí no se desperdicia nada: bofe, buche, chamorro, pierna, criadilla, cuerito, moño, machitos, nana o redaños, nenepil, maciza, costilla, trompa, cachete y tripa, de todo hay. La torta cuesta $20.oo y no cabe duda de que con eso te llenas hasta la noche.

El dueño, cuyo apellido era Ramirez Köepell estaba convencido de que sus abuelos o bisabuelos  habían peleado en la frontera con el General de la División del Norte, es decir, Pancho Villa (no lo sé de primera mano, más que por una historia de mi padre, que sí llegó por cierto a conocer al dueño). Así que el restaurante era medio temático, había fotografías de la revolución mexicana por todas partes, con el Centauro posando en varios cuadros, a veces solo y pensativo, a veces con sus hombres, dándoles seguridad, y en otras simplemente comiendo carnitas apoyado en algún vagón. Sin embargo, todo eso cambió cuando murió el dueño, ya que su hijo, empujado por algún extraño complejo, se dedicó a buscar los orígenes de su familia. Entonces la temática poco a poco se convirtió en una nostálgica postal del Tercer Reich. Las paredes de carnitas “El Güero” pronto se llenaron de lemas como “Ein Volk, Ein Reich, Ein Führer”, y nociones como “Großdeutsches Reich”, así mismo su publicidad tomaba prestadas imágenes del orgullo ario y otras ideas muy alineadas con la derecha mexicana.

No obstante, lo interesante está en otra parte, en la estrategia para descubrir quién es judío y quién no. Todo mundo lo sabe, Dios odia a los cerdos:

 Deuteronomio 14,7-8

14:7 Pero estos no comeréis, entre los que rumian o entre los que tienen pezuña hendida: camello, liebre y conejo; porque rumian, mas no tienen pezuña hendida, serán inmundos;

14:8 ni cerdo, porque tiene pezuña hendida, mas no rumia; os será inmundo. De la carne de éstos no comeréis, ni tocaréis sus cuerpos muertos.

Y los judíos, que temen tanto a Dios, inventaron la comida Kosher. Claro que fue el colmo cuando abrieron un McDonald´s Kosher en Buenos Aires. En fin, el punto es que el hijo, ahora dueño de carnitas “El Güero”, armó su base de datos con los nombres de proveedores y consumidores de carnitas de toda la ciudad de Irapuato. Pronto obtuvo una lista que por contraste arrojaba los datos de aquellos que, o eran vegetarianos, o eran judíos. Para él, era igual, ambos tenían que ser exterminados.  Cosa curiosa considerando que Hitler no comía carne. Yo en cambio, nunca he comprendido los nacionalismos ni las religiones. Y lo digo porque me sorprende que desde el siglo XIII haya circulado en Alemania el mito de que los judíos mamaban leche de cerdo y comían excrementos de este infame y sabroso animal.

 

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