obra

Oriente y Oscuro

Earth rais´d up her head

From the darkness dread & drear.

Her light fled

Stony dread.

And her locks cover´d with grey despair.

William Blake

Capitulo I

Donde el autor divaga acerca de la naturaleza de la novela

y sobre la absurda necesidad de los personajes

En Xu Fu las enormes mesas de metal ofrecen un aspecto industrial, y a veces deprimente, para lo que es en realidad una especie de local improvisado de comida china, coreana o no se sabe muy bien qué. He pedido un paquete con tres guisados y arroz. Espero, y mientras espero me complace pensar que es barato, ya que por sólo $55.oo tengo tres tipos de carne: pescado, pollo y cerdo mezclados con verduras al vapor. Todo está demasiado condimentado, es una bomba en el estómago, consuelo de los pobres, comida que las secreciones intestinales (bilis y jugos del páncreas) no podrán transfomar en sustancias solubles simples.  Abandonaré las meditaciones fisiológicas por ahora para pasar a cuestiones menos preocupantes, pues en este momento sólo tengo hambre, aunque no puedo evitar pensar que el nombre de un lugar así resulta irónico cuando se sabe que Xu Fu (徐福) era un hechicero y explorador de la dinastía Qin, que fue enviado a buscar el elixir de la vida eterna por órdenes del emperador Qin Shi Huang (秦始皇), quien temía por su muerte y vivía obsesionado con la idea de su asesinato. Algunos historiadores creen que Xu Fu llegó a Japón, de donde nunca regresó, y es considerado ahí como un dios de la medicina, el Asclepio nipón.

Vuelvo deprisa a casa para comer, y recuerdo que siempre he sentido a la ciudad de Guanajuato como un lugar oscuro, sórdido y vampírico, donde las calles y callejones no tienen otra cosa que pesadas sombras y rostros acartonados por el tedio y la confusión. En mi ruta está la cantina Aquí me quedo, de donde sale un tipo seguido por otros dos, ambos alterados y con expresiones desencajadas. Veo lo que ocurre, uno de ellos  toma por la espalda al primero y el otro rompe su nariz con un puñetazo certero,  hay agregar que vino un segundo golpe a la altura del oído que lo ha dejado noqueado, y veo también como su sangre, ahora salpicada en la pared y en la banqueta, se vuelve más oscura y viscosa de lo que habitualmente es, pero me corrijo de inmediato y pienso, no, no puede ser, la sangre arterial tiene altos contenidos de oxígeno, por eso es roja, pero la venosa, en cambio, tiene altas concentraciones de CO2. El segundo golpe fue en la cabeza, algo malo pasó ahí adentro, seguro se trata de la vena magna de Galeno (esto lo pienso nada más para sentirme satisfecho con el poco conocimiento que tengo sobre el cerebro). Sigo de largo ante el incidente, prefiero no meterme, no es mi problema, además siempre he odiado a los borrachos. Cosas así me abren el apetito.

Jalaludin Rumi, místico sufí del siglo XIII, fue capaz de concebir un universo poético ajeno a las culpas que cultivan generalmente las religiones monoteístas de occidente; en su lírica encontramos que Dios y la alegría coexisten:

Tienes una semilla de luz en tu interior.

Debes llenarla de ti mismo o muere.

Pero cómo iba a saber nuestro querido poeta Rumi que en esta segunda decada del siglo XXI todos nacemos muertos, y que toda luz nos deja ciegos, en resumen, porque toda semilla es una esperanza en tierra infértil. Comida “china”, les decía, no es mi favorita pero no es tan cara. Me quedé sin dinero luego del asalto del que fuimos víctimas mi psiquiatra de cabecera y yo. Y como a él no le robaron la cartera -sólo un libro de enfermedades mentales, editado en Argentina en 1988 por Muchnik Editores que estaba en su mochila, claro, y su mochila- no tuve empacho en pedirle dinero prestado al matasanos este. Todo pasó mientras investigábamos una serie de asesinatos cuyo patrón evidente apuntaba a la Orquesta Filarmónica del Estado. Cinco violinistas (cuatro hombres y una mujer) habían sido desaparecidos en un periodo de seis meses, luego sus cuerpos fueron encontrados, con un mes de diferencia entre uno y otro, en estado de descomposición en distintas coordenadas de Guanajuato. No, nadie nos había contratado y no teníamos ninguna autorización para hacer tal investigación, si es que se le puede llamar así a nuestra falta de metodología. La verdad es que, aunque no teníamos mucho tiempo libre ni ganábamos mucho dinero en nuestras respectivas profesiones ( yo como corrector de estilo en un periódico amarillista de la ciudad), nos gustaba soñar con la posibilidad de aventurarnos más allá de nuestra aparente comodidad de asalariados. El miedo no es una opción cuando el aburrimiento acecha, y la muerte por aburrimiento es la peor de todas.

Entonces, ¿en qué orden ocurrió todo? Bueno, yo había rentado un pequeño cuarto en el Cerro del Gallo, pagaba mil pesos, tarifa mensual que cubría el agua, la luz y el internet, eso hace dos años aproximadamente, poco después de que una célula del Ejército Popular Ricardo Flores Magón matara al recién presidente electo Enrique Peña Nieto. Me acuerdo porque en la víspera me sentía muy feliz, tan feliz que ese fin de semana les invité una súper peda a mis amigos, y yo, que no bebo, brindé a mi manera con agua tónica y Vicodin -yo ya tomaba Vicodin antes de que Dr. House lo pusiera de moda- y pensaba que una vez muerto el pendejo ése, algo tenía que cambiar (sería muy ingenuo de mi parte creer que con su muerte TODO iba a cambiar). Así que no, las cosas no mejoraron, al contrario, todo fue mucho peor.  Kalimán, el sabio-loco del pueblo ya lo había anticipado en sus profecias ininteligibles: dnsendocrinologojv jfndjfn jsfnjschavosdn vfj elioaqei lio loius sjfnpobrerjnf ruuyri eootipop dnhgiini ueader muinuionnuusufrresuerfes estuve en el ejército, dame un cigarro y déjame en paz, yo también usaba lentes. Nuestro señor santísimo sabe que esto un día se va a terminar. Pinches polis.

Quiero decir algo, no para defenderme, sino para hacerme entender. No me arrepiento de nada, al contrario, pues, pese a mis pecados y mi condición de pagano, lo que yo tengo es pura envidia de aquellos que sí pueden creer. La fe se tiene o no se tiene. Yo no la tengo, por eso invento cosas, situaciones, por eso cuento esta historia, de una manera en la que, con tal de exorcizar mi escepticismo, los personajes como yo puedan aparecer y desaparecer a placer entre un párrafo y otro, porque¿qué otra cosa que no sean detalles policiacos se puede decir de estos asesinatos?  Imaginemos que yo soy uno de ellos. Soy violinista, tengo cuarenta y ocho años, y besé muchos traseros para conseguir un lugar en la Orquesta Filarmónica del Estado. Soy divorciado, tengo una hija que estudió diseño de interiores y me doy cuenta de que no tiene cerebro, y mi hijo es un psicólogo que confunde la pedantería con la sabiduría. Estoy preocupado. Su padrastro trabaja en la ministerial. Este violinista fue la primera víctima. Esa es, señoras y señores, la carcajada de Dios; como una canción de Frank Zappa: Why does it hurt when I pee?

 

No me malinterpreten, no es mi intención hacer digresiones para evitar el tema, o simplemente para pasar el tiempo, lo cual tampoco tendría algo de malo. Más bien intento aclararme las cosas, como la posibilidad de un lector, al otro lado, capaz de abandonar o seguir el rumbo trazado por estas ideas, que como bien se observa carecen de norte en el gran océano de la incertidumbre. Pero este desconocimiento no es gratuito, su recompensa es el asombro, una cualidad que nuestra civilización insiste en matar desde que somos niños. Yo creo que por eso no deja de gustarme Frank Zappa, pues, por encima de todo, hacer música buena  es tan difícil como hacer un buen chiste. La infancia no es un estado previo a nada, en sí mismo constituye la gloria, el paraíso perdido que John Milton consiguió evocar en su poesía. Cualquier apología de la madurez solo es una forma de justificar, otra vez, la sobada idea de que “ahora sí podemos tomar decisiones, hacernos responsables”, dicen; pero todo eso es falso. Por eso mi psiquiatra y yo somos las personas menos serias, responsables y respetables que puede haber en este mundo. La única diferencia estriba en que él, a fuerza de querer verse serio, termina justamente en el polo opuesto, mientras que yo asumo de golpe todo el sin sentido de nuestra existencia; y eso me hace pensar en Schopenhauer, y en Dostoievski que leyó a Schopenhauer, y en Henry Miller que leyó a Dostoievski, y quizá a Schopenhauer.

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