obra

Kafka relajado

Después, siempre después, y sin querer, escribo aquellas cosas cuya obviedad no debería pesar y, sin embargo, resultan tan triviales que apenas las puedo recordar. Porque aunque el niño gordito no deje de lanzar cañonazos contra la gente de la plaza, y aunque el concierto de Pyotr Ilyich Tchaikovsky haya sido de lo más cursi, aquí sigo, sesgado, cegado, tratando de escapar de la incongruencia, del dolor, de la autosatisfacción de leerme a mí mismo como si fuera otro. Por eso pienso en mi hermano lobo que, luego de viajar por Irlanda, regresó a una vieja cantina del pueblo a beber pulque para decirme nada más que <<el universo entero estaba en el insecto que corría por su brazo>> .

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