obra

Fábula sin sentido

Esos peces malditos -murmuró el gato desde la playa- algún día serán míos. Pero los peces pensaban en lo vertiginoso de no tener un asidero en la memoria, un pedacito de sedimento temporal, solo para extrañar tantito, para extrañar las olas, la luna asomándose al mar cuando se lava la cara, y el canto ancestral de las ballenas por la mañana.

El gato en cambio, siempre sintió sólo envidia de no poder mojarse más de lo necesario. Anhelaba meter su cabeza muy en lo profundo para salir triunfante con un salmón, con un atún o con una sirena. Cuando el gato se imaginó esto, un grillo se acercó. El gato lo atrapó de inmediato con un zarpazo y el grillito soltó un -ay ay- y luego dijo- Gato, tú podrías convertirte en un pez grande, de esos que comen peces pequeños- . Sin embargo el gato ya se había hecho a la idea de tragarse al grillo y eso fue lo que hizo.

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